Todos
nos planeamos muy a menudo, qué pasará de aquí a X tiempo, comenzamos a hacer planes con nuestra propia
vida, ayudándonos de los recuerdos del pasado; vivencias, logros, errores,
fracasos y sobre todo, metas que siempre han estado ahí, con vistas a
alcanzarse pero algunas sin llegar nunca. Incluso, cada vez, parecen estar más
lejos.
Llega un momento, en que le damos al return
en la memoria, cosas que duraron años o días, pasan antes nuestros recuerdos como
si de segundos se tratasen. Por algunas, nos entra nostalgia y aunque las
recordemos con felicidad, rasgan un poco nuestra entereza. Tragamos un poco de
saliva y continuamos.
Después de los recuerdos buenos… ¿Por qué siempre después de los recuerdos
buenos, toca pensar en lo malo? ¿Por qué no al revés? Sería lo más fácil, lo
más justo. Nos haría positivos. Si después de pensar en ciertos fracasos,
recordásemos nuestros logros, seríamos más fuertes, y esa entereza rasgada
anteriormente, se convertiría en un fuerte impulso hacia el futuro. El futuro
de hoy, del siguiente segundo de nuestra propia vida.
Lo dicen muchos y tienen razón.
Nos lamentamos del pasado, nos amargamos pensando en el futuro y olvidamos participar
en el ahora. Yo estoy aquí, voy a hacer lo que se me antoje, en mi propio
beneficio, pero sin involucrar a los demás, sin dañarles.
Muchos dañan sin querer, otros en cambio, ni siquiera piensan el daño que
pueden provocar.
Todos lo hemos hecho alguna vez, incluso pensando en hacer todo lo contrario al
daño, lo hemos hecho.
De vez en cuando pienso en la gente solitaria. Si lo veo por el lado simple, es
la postura más fácil ante la vida. Viven para ellos, no comparten sus manías,
ni sus costumbres ni sus inquietudes. De
este modo, nunca van a sufrir por los problemas de los demás, no van a tener
que comerse la cabeza pensando en cómo ayudarles ni en cómo satisfacerles, ni
de sacarles de los mil problemas que les plantea la vida en sociedad.
La vida es más fácil que todo eso.
No tenemos que ser unos solitarios ni tenemos que ser partícipes de todo lo que
nos rodea. Tenemos que vivir, aquí y ahora y con quien queramos y con quien
quiera rodearnos. Y como escuché una vez: “A quien no te abrace, pues no te
abrazas y ya está, no pasa nada”.
El comienzo del texto, que no tenía este objetivo ni buscada ninguno en
concreto, ha derivado en mi pequeña
divagación mental. Es algo a lo que le estoy dando vueltas últimamente. La
soledad.
Cuando era más pequeña y cuando no lo era tanto, me fascinaba todo eso de la
magia, de evadirme e ir donde más quisiera, a mi aire. Creo que ha ayudado
bastante, el hecho de que mis hermanas, tenían un pequeño mundo para ellas
dentro de un armario. Recuerdo que tenían todo lo que les gustaba, el campo,
juguetes, incluso un perro. Yo, a veces, intentaba colarme a escondidas, ¡pero
siempre me pillaban! Era demasiado pequeña para entrar a formar parte de ese
paraíso y no me podían dar la contraseña que le abría paso.
Por lo que yo me creé el mío; era para mi sola y tenía todo lo que me gustaba,
el campo, juguetes, incluso un perro.
Pero bueno, volviendo al tema del daño y de la soledad. Estas son dos cosas,
que en gran parte nos creamos nosotros mismos. El hecho de pasar un rato a
solas, al igual que viene bien para retroceder y hacer memoria, viene mal para
replantearnos muchos cosas y en vez de pensar en cambiarlas, nos quedamos
lamentándolas.
Gracias a lo que sea, siempre hay alguien que nos ayuda a verlo de otro modo.
Nos dice: ¡Ey! ¡Quieto! ¡No te hagas líos! Estás todo lo sólo que tú quieres y
te haces todo el daño que tú te permites.
Por tanto, si cambias tu forma de ver el mundo, el mundo cambiará. Si no te
quedas parado a esperar que el mundo mueva ficha y lo haces tú, empezarás otra
vez a vivir tu vida y a incluir en ella a quien tú quieras y lo que tú
quieras.
Releyendo esto, me doy cuenta de lo caótica que resulta mi mente de vez en cuando.
Me llueven pensamientos y los suelto, juntos, enlazados, sin sentido o como sea. Pero bueno, aquí puedo expresarme como me de la gana, para eso es mi blog.
¡Mi balón de oxígeno! :D